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Algo respiraba bajo el mercado navideño de Timișoara
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La Virgen del Lazareto

Algo respiraba bajo el mercado navideño de Timișoara

La Virgen del Lazareto - hook 1
Llevo veinte años restaurando iconos ortodoxos. He tocado madera del siglo XII con las manos desnudas. Pero lo que encontré debajo de la tarima del mercado navideño de Timișoara no debería existir.
La Virgen del Lazareto - contexto 1La Virgen del Lazareto - contexto 2
Me llamo Andrei y trabajo desde un taller en Cluj-Napoca. Mi especialidad son las tablas de madera pintadas con témpera al huevo, esas que huelen a resina vieja y a incienso acumulado durante siglos. En diciembre de 2019, el ayuntamiento de Timișoara me contactó. Estaban montando el mercado navideño en la Piața Victoriei, justo sobre los cimientos de lo que fue un lazareto otomano del siglo XVII. Los obreros, al instalar la tarima del escenario principal, encontraron una tabla envuelta en lino encerado dentro de una cavidad de piedra. Una Virgen Negra. Posiblemente del siglo XIV. Me pidieron que la autenticara antes de decidir si llamaban al Museo Nacional. Llegué un martes por la noche. La plaza olía a vin fiert y a salchichas ahumadas, y las luces del festival convertían la nieve sucia en algo casi bonito.
La Virgen del Lazareto - primer evento 1La Virgen del Lazareto - primer evento 2
Me instalaron un espacio de trabajo en un container habilitado detrás del escenario. Cuando abrí la caja y retiré el lino, lo primero que noté fue el olor. No era resina ni témpera vieja. Era un olor orgánico, dulzón, como carne curada en sal. La tabla estaba en un estado de conservación imposible para su antigüedad. Los pigmentos del rostro de la Virgen —negro de humo y bermellón— parecían aplicados ayer. Pasé los dedos por la superficie y estaba tibia. No cálida como un objeto cerca de un radiador, sino tibia como piel humana. Le atribuí el calor al lino encerado, a la cavidad cerrada. Eso me dije. Pero cuando levanté la vista, a través de la ventanilla del container, vi las sombras. En la plaza, bajo las luces del festival, había siluetas proyectadas sobre la nieve que no correspondían a nadie. Figuras alargadas, inmóviles, sin cuerpo que las produjera.
La Virgen del Lazareto - escalada 1 1
Salí del container. La plaza estaba vacía; los puestos del mercado cerrados, las guirnaldas zumbando con ese ruido eléctrico de las luces LED baratas. Las sombras seguían ahí. Conté siete. Estaban dispuestas en semicírculo frente al escenario, orientadas hacia donde yo trabajaba. Me acerqué a la más cercana y agité la mano sobre ella buscando el objeto que la proyectaba. No había nada. La sombra estaba pegada al suelo como una mancha de humedad. Volví al container y cerré la puerta. Intenté fotografiar la tabla con mi cámara de documentación, pero cada imagen salía velada, como si hubiera una fuente de luz dentro de la madera que sobreexponía el sensor. En el silencio, escuché algo debajo del suelo metálico del container. Un sonido rítmico, húmedo, como alguien masticando despacio. Duró exactamente lo que tardé en contener la respiración. Cuando exhalé, paró.
La Virgen del Lazareto - escalada 2 1La Virgen del Lazareto - escalada 2 2
A las tres de la mañana llamé a mi colega Dragoș, especialista en arte bizantino. Le describí la tabla, le envié las fotos veladas. Me dijo que los lazaretos otomanos en los Balcanes a veces funcionaban como algo más que hospitales. Algunos eran puntos de contención, pero no de enfermedades. De objetos. Le pregunté qué tipo de objetos. Me contestó que los que la Iglesia no podía destruir ni la ciencia explicar. Colgué y miré la tabla. El rostro de la Virgen Negra había cambiado. No de expresión, eso sería fácil de racionalizar. Lo que cambió fue la dirección de la mirada. Cuando la abrí, los ojos pintados miraban al frente. Ahora miraban hacia abajo y a la izquierda. Hacia la cavidad de piedra de donde la habían sacado. Agarré la linterna y fui al hueco bajo la tarima. Olía a tierra mojada y a algo metálico, como monedas viejas o sangre seca.
La Virgen del Lazareto - climax 1La Virgen del Lazareto - climax 2
La cavidad era más profunda de lo que indicaba el informe de los obreros. Medía unos cuarenta centímetros según ellos, pero mi brazo entero desapareció dentro sin tocar el fondo. La piedra interior estaba húmeda y estriada, como si algo la hubiera arañado desde dentro durante mucho tiempo. Mis dedos encontraron marcas talladas: círculos concéntricos, repetidos obsesivamente. La linterna iluminó las paredes y vi que las marcas no eran decorativas. Eran conteos. Alguien había contado días, semanas, años, dentro de ese agujero. Entonces sentí el aliento. No fue una corriente de aire. Fue un aliento tibio, rítmico, que salía del fondo de la cavidad y me daba en la muñeca. Tenía olor. Olía a mirra y a bilis. Retiré el brazo de golpe y algo me rozó la punta de los dedos. No fue piedra. Fue blando, articulado, como dedos cerrándose una fracción de segundo demasiado tarde para atraparme. Caí hacia atrás sobre la nieve. Desde el suelo vi que las siete sombras de la plaza se habían movido. Ya no miraban al escenario. Estaban alrededor del hueco, en círculo perfecto, inclinadas hacia abajo. Como si estuvieran mirando dentro. O como si estuvieran esperando a que algo saliera.
La Virgen del Lazareto - resolucion 1
Dejé la tabla sobre la mesa del container, cerré con llave y volví a Cluj esa misma noche. No autentiqué nada. En mi informe escribí que la pieza era una falsificación moderna: pigmentos sintéticos, madera tratada. Mentí. Cada palabra fue una mentira deliberada. En enero, el ayuntamiento selló la cavidad con hormigón. Me enteré por Dragoș. El artículo local mencionaba que durante el vertido los obreros escucharon un sonido bajo la piedra. Lo describieron como un llanto, o un zumbido grave. A veces pienso en las sombras del mercado. Este diciembre volvieron a montar el festival en la Piața Victoriei. Vi fotos en Instagram. En una de ellas, detrás de un puesto de cozonac, hay una sombra que no corresponde a nadie. Puede ser un error de la cámara. Puede ser cualquier cosa.

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